Capítulo 113. Golpe al orgullo.
Al día siguiente, el ruido de las maquinarias y el polvo de la construcción ya dominaban el terreno desde bien temprano.
Alexander Donovan bajó de su camioneta blindada, ajustándose el saco a medida.
Iba con una sonrisa arrogante, preparado para encontrarse con un par de abogados suplicando por romper el contrato, o en el mejor de los casos, a una Amanda llorosa y asustada, lista para tirar la toalla.
Pero apenas pisó la tierra irregular, la sonrisa se le borró de la cara.
Ahí estaba Amanda.
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