Capítulo 14. Cicatrices y confesiones
El vapor flotaba en el ambiente, envolviendo todo en una bruma espesa y silenciosa. Alina se quedó quieta, sin saber si debía hablar o simplemente desaparecer. Devon la miraba, sus músculos tensos, la toalla aún en su mano, la expresión entre perpleja y contenida. Ambos parecían atrapados en un momento que ninguno esperaba.
Por un instante eterno, no se movieron. Solo se escuchaba el suave burbujeo del agua en la bañera, y la respiración de ambos, densa, cargada.
Finalmente, Devon se ató la toa