-Conduce tú. Yo tengo que terminar un trabajo -dijo Erick mientras le pasaba las llaves.
Lara pensó en protestar ya que él era lo suficientemente arrogante como para exigirle que condujera para él en lugar de pedírselo cortésmente.
Miró el descapotable rojo brillante y sus ojos se abrieron de par en par de la emoción. La vista del auto la animó a reprimir su orgullo y subirse a la puerta del conductor. Nunca antes había conducido un auto tan divertido.
Giró la llave y el motor del elegante Must