208.
“Ma… Mariano…”
Mariano no le dio oportunidad de hablar; continuó besándola.
Ella no se apartó.
Ni lo limitó.
Ella aceptó ese beso y lo regresó con igual fervor, hasta que sus cuerpos se movían en unísono y así se perdieron el uno en el otro por horas.
La mente de Matilda no terminaba de procesar lo que había pasado, no sabía si seguía dormida y soñando, pues era muy similar a los sueños húmedos que había tenido anteriormente.
Y así se quería quedar.
Pero la voz cálida de Mariano le recordaba con