207.
La mañana siguiente, cuando Matilda comenzó a despertar, sentía una leve molestia en la cabeza sin haber abierto ojo.
‘No debí haber tomado tanto.
Ya no tienes 20 años, Matilda…’ se decía a sí misma.
Comenzó a estirarse en la cama, arqueando su espalda.
Crack, Crack.
Sonaban sus vértebras.
Su cuerpo chocó con una superficie cálida, que se sentía diferente, y luego una voz grave le dijo, “no te muevas”.
En ese momento Matilda apretó los ojos, no sabía si seguía dormida y soñando, por lo que en el