Dejando atrás al par, Brianna caminó a su lado con una serena sonrisa en los labios.
—Eso fue interesante —murmuró.
Él se sonrió, pero no dijo nada. No tenía sentido.
Si a Brianna no le gustaba su familia, ¿por qué él debía ser político o fingir que le interesaba tratar con ellos? Al final, los que importaban eran ella y su hijo. Los demás podían irse al carajo.
Caminaron un poco más, y ante ellos apareció un hombre elegantemente vestido cuyos ojos brillaron de alegría apenas ver al muchacho en