—Mamita, ¿por que estás tan feliz? —preguntó Lea con total inocencia mientras jugaba con dos de las muñecas que fueron de Joanne.
Alessia soltó un respingo, giró hacia su hija y se sintió descubierta, aunque no sabía por qué, pues se encontraba maquillándose en su habitación. Temió que, de alguna forma, su hija pudiera ver las imágenes que se reproducían en su mente, que escuchara su corazón latir fuerte al descubrir lo mucho que había logrado inquietar a Matthew.
—Estoy contenta de ir a trabaja