—Hola, no me invitas un trago —me dice esa mujer. Me siento muy incómodo y a la vez molesto.
—No y quítese o no, respondo —le contestó molesto.
—Mmm, me encantan los hombres rudos y misteriosos —me vuelve a decir y se lanza a mi cuello. Siento como me chupa algo fuerte. La separo de mí y veo que se lame los labios—. ¿No te gustaría estar conmigo a solas?
Intento fingir una sonrisa y me levanto con ella en brazos. Camino unos pasos alejándome de la mesa y vuelvo a poner mi mala cara y la dejo