Pablo acaba de recoger a Jackson, quién le había pedido que fuera por él.
—Solo deme un par de horas y la tendrá de nuevo ante usted —dijo Pablo.
—¡No! Déjala, quiero que ella piense que ganó, vamos a dejarla disfrutar por un rato. —Jackson tomó su celular y marcó al médico para que estuviera en menos de quince minutos en su casa.
—¡Pero señor!, esa desgraciada por poco y lo mata. No creo que sacar a los niños del orfanato sea suficiente. Yo puedo traerla ante usted —dijo Pablo con su vista fi