Olivia caminó hasta estar cerca de la cama de Paula, quien la miraba con bastante curiosidad.
—¡Gracias!, el médico me dijo que fuiste tú quien donó sangre para mí —dijo Paula lentamente, estaba débil, todo su cuerpo le dolía.
—Era mi deber, y ahora que sé que estás mejor, es mejor que me retire —dijo Olivia, se giró y caminó hacia la salida.
—¡Espera Olivia! No te puedes ir, debemos hablar —exclamó Paula.
—¡Está bien!, tampoco quiero irme, al menos no, hasta que me digas por qué me llamaste he