POV SEBASTIANO
La tarde se deslizaba con una pesadez que ya se me hacía familiar. El sol, a través de los altos ventanales del edificio, golpeaba las superficies de vidrio y acero, reflejándose en las mesas de reuniones. El reloj en mi muñeca no hacía más que marcar los minutos, segundos, minutos nuevamente. El maldito tiempo.
Hoy no era un buen día, no lo sentía. Había terminado mi reunión con los proveedores de armas, pero aún quedaban pendientes muchas cosas por atender. La empresa de teleco