POV SEBASTIANO
Corrí con Mia en brazos, mi pecho se agitaba con una furia abrasadora mientras sentía la calidez de su sangre empapándome la camisa. No, no, no… No podía perderla. No a ella. No a nuestro hijo.
—¡Salgan ya! —rugió Dario por la radio—. ¡Tenemos que movernos!
El almacén era un caos. Mis hombres acababan con los últimos enemigos, y las balas aún zumbaban en el aire. El hedor a pólvora y sangre se impregnaba en mi piel.
Pero nada de eso importaba.
Solo Mia.
Solo ella.
—Aguanta, amore