No pensó mucho antes de lanzarse y mordisquear las caderas de Bianca, siendo marcada con cardenales, cada uno robando un sonido distinto de los labios de la chica.
Esta vez Liam no preguntó para dar otro paso, simplemente deslizó la tela y entonces pudo notar a la perfección la vulva junto con el clítoris de Bianca, y se sorprendió cuando la vio brillante por la humedad que desprendía, no pudo más y de un momento a otro, su boca estaba llena.
¡Tenía la vulva de Bianca en su boca!
Gimió lleno de