—¿Qué estás haciendo?—. La voz de Bianca era suave, como el terciopelo y a la vez baja, un poco ronca incluso.
Liam la miró con las mejillas encendidas.
—C-condones—. Bianca fue hasta la cama, dejó la bolsa de la farmacia en la mesa de noche, removió un poco para mostrarle una caja.
—Fue lo primero que compre, no te preocupes. Tú solo necesitas entregarme…
—Si hablas sobre mi pene otra vez no creo que sobreviva.
—Iba a decir polla.
Soltó unas risitas. Pronto, Liam estaba a su lado. Entrelazaron