Cuando Claudia entró a la oficina de su esposo,de sólo verle un amargo sabor invadió su boca.
La mujer le entregó unas carpetas con documentos importantes a Eduardo y éste se disculpó para ir un momento al departamento de publicidad.
—¡Al fin a solas!,quita esa cara de triunfo,si dejé que mi marido te trajera de vuelta,fue para no contradecirlo.
La mujer se aproximó a Isabella y con una sonrisa descarada le dijo—.Más te vale que no te metas conmigo,tu esposo no sabe que eras la amante de su