LAURA
—Ese malnacido… —murmuro, más para mí que para él, sintiendo cómo el nudo en mi estómago se aprieta aún más.
—Laura, ¿qué está pasando? —insiste, su tono cargado de confusión y preocupación.
Tomo aire, tratando de mantenerme firme.
—Bryan, ¡escúchame! Pasa por mí para desayunar. Necesitamos hablar de Martin.
—¿Qué pasa con él? —pregunta, cada vez más inquieto.
—No puedo decírtelo por teléfono… —mi voz tiembla, pero trato de sonar firme.
—¿Se atrevió a tocarte? —gruñe con rabia contenida—.