MARTIN
Dejé la cama de Laura muy temprano. Su respiración era tranquila, y su cuerpo, cubierto apenas por la sábana, aún conservaba los rastros de nuestra entrega. Me incliné para dejar un beso suave en sus labios antes de salir en silencio.
En la cocina, el aroma del café llenaba el ambiente. Rodrigo ya estaba allí, con el ceño fruncido y las ojeras delatando su falta de sueño.
—¿No dormiste? —pregunté mientras servía una taza.
Rodrigo suspiró, frotándose la nuca con frustración.
—No pude. Est