La diosa Hera sintiendo una gran emoción al instante que su amante e hijo de Ishmalkahama, desterró a su padre a las profundidades del abismo condenándolo así a un eterno sufrimiento y sin una aparente oportunidad para liberarse de la presión a la que había sido enviado.
Su felicidad era inmensa y no se comparaba con nada existente. La diosa y quien ahora se convertiría en la suprema en el instante que tomará el trono que le pertenecía al padre de Helel, de alguna manera dejando con claridad y