Helel tomando a su padre por la espalda, a un principio aparentaba que se dirigía en su ayuda por lo que estaba sucediendo. Helel no dejó duda alguna al instante que colocó la daga en la que se convirtieron sus alas, daga que era más cortante y penetrante que cualquier otra clase de arma conocida dentro de la ciudad santa y de los nueve cielos, por lo que al instante Ishmalkahama sintió una fría corriente atravesar todo su ser divino y santo tras la postura de su hijo.
¿Cómo era posible que su