Treinta y tres

XXXIII. Dudas.

A él, la loba le hizo amar a la humana.

Y a ella, la humanidad le hizo amar al lobo.

La pareja de aldeanos dormía sentada junto al lecho donde yacía Misha, dormitando también. Estaba amaneciendo, pero al parecer los humanos eran animales nocturnos y apenas se había asomado el sol ellos se apagaron. La cazadora de cabellos como el fuego vigilaba desde un rincón con un ojo abierto y el otro durmiente y la anciana chamán velaba el sueño de t

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