Aquella separación había sido una
amenaza continua, la gota amarga de la felicidad en los días y meses de
ciega pasión; después un dolor necesario, y hasta merecido y saludable,
según pensaba el amante, lleno de remordimientos y de planes morales.
Pero al llegar el momento, Bonis sintió que se trataba de toda una
señora operación practicada en carne viva. Con toda franqueza, y
explicándolo todo satisfactoriamente por medio de una intrincada madeja
de sofismas, Reyes reconoció que los afectos na