Durmió como un muerto, pero no mucho. Como un resucitado volvió a la
vida haciendo guiños a la luz cruda de un rayo del sol del mediodía, que
por un resquicio de la ventana mal cerrada, se colaba hasta la punta de
sus narices, hiriéndole además entre ceja y ceja.
Aquel rayo de luz le recordaba los rayos místicos de las estampas de los
libros piadosos; él había visto en pintura que a los santos reducidos a
prisión, y aun en medio del campo, les solían caer sobre la cabeza rayos
de sol por el est