Cuando la mañana llegó tenía dos sorpresas que no esperaban de seguro, pues las dos personas que Adrián veía como su familia por muchos años puso un pie en ese sitio. Tanto Aarón como Luisa estaban agradecidos por haberlo cuidado, por lo que los invitaron a desayunar en la casa que en realidad no estaban en posición de recibir más gente.
Pero Leonardo y Joseph no dijeron nada. Solo guardaron el debido respeto en la mesa, mientras todos los demás los trataban como las personas amables que siemp