No interesaba cuanto los sujetos gritaran, Leonardo estaba en modo despiadado y eso nadie podría detenerlo, no son su reina.
Cada uno que se lanzaba para querer detenerlo era repelido por el hombre que con puños o balas certero les cortaba la existencia.
Su único objetivo era su mujer y sin ella o se iría o dejaría de mandar al infierno a quienes estaban en el sitio.
Todos estaban decididos a darle de baja, sus jefes lo demandaron, pero no sopesaron con que Leonardo jamás estaría solo.
Josep