ADELAIDA:
Marla llegó a los pocos minutos y yo de inmediato me retiro a la habitación que se me asignó.
Al entrar los brazos de mi lobo me reciben y me envuelven olfateandome.
—Estoy bien, no te preocupes.
Murmuro con la voz baja y este suspira.
—No preocuparme por ti… Es algo imposible Adelaida.
Susurra y yo lo abrazo con fuerza.
—¿Cómo te fue?
Le pregunto.
—No encontré nada ¿Tu?
—No encontré nada, pero vimos algo interesante… Vimos a Beatríz.
Raizel frunce el ceño para luego suspirar.
—No pen