Rose se giró a mirarlo, tenía ese gesto frágil de siempre que tanto lo conmovía en el pasado, pero el corazón de Demetrius se había vuelto de piedra como para sentir algo ahora.
—¡Demetrius! —exclamó, acercándose a él, se sorprendió al ver que él retrocedió, su gesto seguía fruncido, y su mirada era severa, tanto que sintió temor de él.
—¿Qué haces aquí?
—Supe que volviste, quise venir a verte.
—¿Cómo te atreves? Pensé que lo había visto todo, pero en realidad, hay gente que es tan cínica.