—¿Por qué te robaría a tus hijas?
Ella se tensó, retrocedió al volver a la realidad, sus ojos azules lo miraban con gran miedo, él sonrió, de esa forma cínica que ella tanto aborrecía.
—¿Dónde están mis hijas?
—Ven televisión, y comen burritos de queso, ¿Quieres un poco?
Ella lo miró incrédula, se levantó como un resorte, lanzó un quejido, pero mordió sus labios para no sentir tanto dolor, fue hasta el pasillo, debía verlo con sus propios ojos.
Al llegar, Marina vio a las pequeñas niñas com