Marina siguió a Demetrius, pronto fueorn al bar, tenían una mesa reservada, y tomaron asiento.
—Traiga una botella de whisky y una botella de champagne para las damas.
Marina lo miró con extrañeza, Demian podía sentir la ferocidad en la mirada de la mujer.
—¿Qué pasa? ¿Sigues molesta? Eres demasiado difícil de complacer, querida.
—¿Por qué te estás comportando así?
—¿Así? ¿Cómo?
—No lo sé, tan frío conmigo.
Demian sonrió y tomó su mano, la besó con delicadeza.
—Son ideas tuyas, cariño, s