Giovanni llevaba una camisa blanca. Tal vez por el calor del verano, se había aflojado la corbata y desabrochado un par de botones, dejando ver un poco su clavícula y su atractiva manzana de Adán.
Las mangas estaban remangadas hasta los codos, y sus manos firmes agarraban el volante. Cada vez que lo giraba, sus músculos se tensaban y la tela se ajustaba más a su cuerpo, resaltando su musculosa figura.
Clarissa lo miró de reojo y notó lo atractivo que era. Nunca lo había observado con tanta a