En ese bullicioso pasillo, Clarissa ya estaba por irse y por fin terminar con esa incómoda entrevista.
Pero una voz familiar la detuvo.
— Clarissa, quédate por favor donde estas — la voz de Luca sonó por el pasillo, llena de enojo y autoridad.
Él caminó dando grandes pasos hacia ella, mirando directo a los ojos a Clarissa.
— No puedes irte así.
Los reporteros enseguida se enfocaron en ellos, los flashes comenzaron a brillar otra vez, y los micrófonos apuntaban a sus labios.
Luca esta