—Mamá, ahora que ya se vieron y Araceli vino hoy con toda la intención de saludarlos, pensé que se quedara a comer. Si esto llega a funcionar, usted tendría una nuera de la que se puede hablar bien, y ya nadie tendría que criticar a Giovanni —dijo Silvia, convencida.
Si Giovanni no le hubiera dicho las cosas tan claras, quizá a la Señora Santoro le habría parecido buena idea. Araceli era educada, tranquila… no se veía mal.
Pero Giovanni ya estaba casado con Clarissa. El matrimonio ya era legal,