—Con razón… con razón aquel día, poco después de que volvieras a casa, cuando la viste en el parque fuiste tú quien se acercó a jugar con ella a esos juegos tan infantiles… —exclamó sorprendida la Señora Santoro.
Giovanni no es que tuviera buen corazón. Es que la había reconocido: era Clarissa.
Lamentablemente, Clarissa era aún muy pequeña. Lo había olvidado. Además, ya tenía otros amigos con los que jugar.
—Entonces, si realmente te importaba tanto… ¿Por qué la dejaste casarse con Luca? —pregun