Sara intentaba rebobinar lo sucedido en su mente para entender dónde se había equivocado. ¿Cómo había sido posible ese error? Y lo peor de todo: ¡ya había registrado el matrimonio con el heredero de la familia Weller!
—Gracias, Rodrigo —dijo ella, respirando hondo y esforzándose por mantener la compostura.
Rodrigo esbozó una sonrisa enigmática:
—No hace falta tanta formalidad, solo fue un pequeño favor.
Miró de reojo a su padrastro y preguntó:
—Tío Alfredo, ¿esto es una reunión familiar?
—Sí, m