—¿Casarse? —Los ojos de Austen se entrecerraron en peligrosas rendijas—. Hace apenas unos días te arrastrabas hasta mi cama, ¿y ahora dices que te vas a casar? Sara, intentas provocarme con esta excusa. ¿De verdad crees que me lo creo?
Conocía bien su devoción. De lo contrario, ¿cómo habría aceptado mantener una relación en secreto durante tres años sin ninguna promesa oficial? Para él, aquello del matrimonio no era más que celos mal disimulados por el regreso de Marcely.
Sara alzó una ceja, ma