Se podía escuchar el sonido de las arcadas retumbando en las paredes del baño. Amiel se dejó caer contra la puerta mientras retomaba aire, llevaba tres días seguidos con nauseas mañaneras, había logrado ocultarlas de su esposo pero esa tarea se estaba haciendo cada vez más difícil, no es que el joven ninfa no quisiera que su marido se diera cuenta es solo que había una sombra a su alrededor que no salía de la cabeza del príncipe, temía el hecho de confirmar su embarazo, un bebé de su alfa sona