CAPÍTULO 54: MI SALVADOR
El aire nocturno de Seúl está frío, y mis pasos son torpes y tambaleantes. La borrachera me ha dejado la mente nublada y el equilibrio precario. No debí haberme ido del karaoke sola, pero la necedad y el alcohol son una mala combinación. Las luces de la calle se mezclan en un caleidoscopio borroso mientras camino, tratando de recordar por qué decidí irme.
Las calles están extrañamente desiertas a esta hora, y el silencio es inquietante. Trato de mantenerme en el camino