Amber Whyte.
La noche fue larga. Fría. Aterradora. Tortuosamente solitaria.
Fue un infierno.
El silencio que me envolvía era ensordecedor. El aire estaba cargado de tensión. De miedo.
La ansiedad me consumía mientras daba vueltas en la cama.
No podía dormir.
No me atrevía.
No porque el sueño me eludiera.
Sino porque temía lo que pasaría si mis párpados se cerraban accidentalmente por un minuto.
Durante horas, luché con todas mis fuerzas contra el sueño, dando vueltas por mi habitación con las m