Amber Whyte.
Tenía la sangre helada.
Los latidos de mi corazón se convirtieron en atronadores estruendos, tan fuertes que resonaban en mis oídos.
Mi rostro estaba pálido, como la ceniza, como si me hubiera topado cara a cara con un fantasma.
El terror me consumía por dentro. Cada fibra de mi ser.
El olor de mi miedo me asfixiaba tanto que sentí una patada en el estómago.
Por un instante, me quedé paralizada.
No podía hablar.
No podía mover ni un músculo.
No podía pensar.
Olvidé cómo respirar.
S