Amber Whyte.
La tristeza me envolvió en cuanto abrí los ojos.
La noche había sido larga y tortuosa. Me había dormido llorando, sabiendo lo que me esperaba al día siguiente.
Era mi cumpleaños.
Para mí no era un día divertido ni alegre. Era un amargo recordatorio de la soledad. Del dolor. Del abandono de mi familia.
Un cruel recordatorio de que no tenía amigos, ni gente que me deseara lo mejor, ni nadie con quien celebrarlo.
No había regalos que abrir. Ni pastel que comer. Ni velas que apagar par