Amber Whyte.
—Mírate —se acercó.
Peligrosamente.
Despacio.
Como un puto dios.
Porque lo era.
Lo sentía en todas partes.
Sabía que estaba cerca. Peligrosamente cerca.
El aire cambió. Se volvió mortal. Crudo. Letal.
El calor que emanaba de su cuerpo me recorrió la columna.
Su aroma me invadió la nariz. Una explosión de cosquilleos me bajó por el pecho.
Estaba cerca.
Lo sabía muy bien.
Me quedé congelada.
Su pecho rozó mi espalda. Una vez.
El estómago se me llenó de mariposas.
Pero no me giré a mi