—Completamente, señor. Los documentos de la filtración ya están en manos del fiscal jefe. Estará neutralizado antes del almuerzo.
—Perfecto. Déjame solo. No quiero interrupciones de ninguna de las divisiones hasta que Gabriella llegue a la oficina.
—Entendido, señor.
Colgué el intercomunicador con un golpe seco. Volví a mirar la caja azul marino, disfrutando de la fijeza geométrica del diamante. Todo estaba alineado. El tablero de ajedrez corporativo respondía a mis movimientos con la precisión