(Narrado por Iker Moretti)
El silencio del despacho era absoluto, interrumpido únicamente por el compás rítmico de la respiración de Gabriella. Estaba sumida en un sueño profundo, acurrucada en la curva del sofá de cuero, envuelta únicamente en mi camisa de seda blanca que le llegaba a medio muslo, dejando al descubierto la curva pálida y perfecta de sus piernas. El aroma de su piel, mezclado con mi propio rastro, saturaba el ambiente, creando una atmósfera de posesión que me resultaba adictiva