—¿Sigues jugando con los muertos de hace dos décadas, Alessandra? —pregunté, y mi tono bajó tanto que apenas fue un susurro criminal—. Ese asunto ya fue juzgado y archivado por la magistratura de Milán. No hay nada en ese archivo que pueda salpicar al Grupo Moretti.
—El archivo público está archivado, es cierto —replicó ella, dando un rodeo al escritorio con pasos felinos, acercándose a mi costado con una fijeza que apestaba a traición—. Pero el archivo privado que mi padre guardó en su caja fu