(Narrado por Gabriella Valente)
Un mes. Habían pasado exactamente cuatro semanas desde aquella mañana en que me quedé dormida en su sofá, envuelta en su camisa de seda, ajena a los hilos podridos que se tejían a mi espalda. Treinta días en los que la Torre Moretti se había transformado de un entorno corporativo a una jaula de oro y cristal.
Durante este último mes, el comportamiento de Iker se había vuelto errático, denso, casi paranoico. Había momentos en la oficina o en el ático en los que, s