(Narrado por Iker Moretti)
El compás del jazz lento fluía por los altavoces ocultos en el techo del salón, flotando en la penumbra violácea del ático como una bruma pesada. Tenía a Gabriella aprisionada contra mi pecho, sintiendo el relieve voluptuoso de su estructura amoldarse con una sumisión perfecta a la roca sólida de mi anatomía. Bailamos con una lentitud densa, casi religiosa. Mis botas de diseñador abrían surcos invisibles en la alfombra gris de seda, guiando sus pasos torpes y descalzos