“Hola”
Seguía a la espera que Alejandro, al menos tuviera la decencia y la amabilidad de responderle el saludo, uno que nunca llegó, al contrario, lo vio cerrar sus ojos y lo escuchó respirar profundo antes de girarse hacía ella y decir fríamente: —He venido por un poco de ropa, tendrás la casa para ti sola.
—Sería genial —respondió con tristeza por la crueldad de sus palabras — pero, no me gusta estar sola, Alejandro, me gusta más tu compañía, ¿podrías quedarte?
—¿Y seguir peleando? —respondió