Aetos
El pitido de la máquina que controla el ritmo cardiaco molesta mis sentidos, con esfuerzo abro mis ojos encontrándome en una sala blanca rodeada de aparatos, sintiéndome perdido y aturdido sin saber qué hacía en aquel lugar. No había nadie a mi alrededor, cuando quise apartar las agujas de mi mano la puerta de la habitación se abrió dejando pasar a personal médico que comenzaron a revisarme y hacerme preguntas que a penas pude contestar.
Mi garganta picada, tenía sed. Mis ojos se encont