Calista
Avancé por los pasillos rodeada de gente, entre ellos mi asistente y escoltas, por orden de Aetos ninguno de ellos podría despegar sus ojos de mi y si llegaba a pasarme algo serían responsables de ello.
—Bienvenida, Calista —me recibió una menuda mujer de alrededor de cincuenta años muy bien conservada para su edad y a quien conocía muy bien.
—Gracias, Corina —sonreí pesando al set donde harían la sesión fotográfica y luego la entrevista.
—Cada que te veo luces más radiante que ante