Calista
Alguien irrumpió en el despacho, entrando con gran ira a paso apresurado, tomándome del antebrazo para girarme y querer estampar una bofetada en mi rostro pero fui más rápida al sostener el suyo antes de que impactara contra mi.
Mis ojos se clavaron en los suyos, ya nada me sorprendía, ni siquiera el que mi hermana quisiera golpearme sin un motivo aparente, segada por querer tener lo que yo tenía.
—¿Por qué has vuelto, Calista? ¡Ojalá te hubieses quedado en el hoyo donde sea que estuvi