El helicóptero aterrizaba en la terraza del hospital privado donde habían trasladado a Aetos, ella prácticamente se lanzó de la aeronave moviendo sus pies lo más rápido que ponía, con el corazón en la mano y sin resignarse a perderlo. Con él en ese estado no le importaban las consecuencias, si moría, moriría feliz a su lado.
El tiempo era su peor enemigo en ese momento, cada minuto contaba y los hombres que la acompañaban le informaron que todavía la estaban buscando hasta debajo de las rocas